jueves, agosto 04, 2005

'La economía se ha transformado en una disciplina incompetente', dice Manfred Max Neef

El economista chileno es uno de los invitados al primer Encuentro Internacional por la Vida, la escuela filosófica del vitalismo cósmico.
Como antesala de su visita, UN Periódico habló con él sobre varios temas, entre otros, la crítica del TLC y la necesidad de que las ciencias económicas se vinculen con otros ámbitos de la vida.
“La vida es de otros”, leyó la poetisa en el más reciente festival internacional de poesía de Medellín. Este verso bien podría ilustrar el estado de resignación que suscita en muchos el desarrollo actual de la llamada globalización, y el carácter casi ineluctable que, para los pueblos del mundo pobre, tiene la aplicación de las fórmulas que estructuran el sistema económico contemporáneo.
Sin embargo, hay quienes resisten con la fuerza de su pensamiento. Manfred Max Neef es uno de ellos, y como investigador e intelectual ha lanzado diversas propuestas de acción para recobrar el sentido humanístico de una ciencia que, como la economía, hoy solo parece servir al mejor postor. Creador de los principios de la Economía Descalza, y la Teoría del Desarrollo a Escala Humana, el chileno, Premio Nobel Alternativo de Economía en 1983, llama nuevamente a la herejía frente a las dogmáticas imposiciones de los centros de poder financiero y político internacional, que a su decir, se han constituido en una religión con evangelio y predicadores propios.
UN Periódico: Según esta opinión, profesor Max Neef, ¿cómo funcionaría este nuevo “sistema de creencias”?
Manfred Max Neef: El discurso neoliberal cuenta con su propio Vaticano: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y la Organización Mundial de Comercio; su santísima trinidad: globalización, libre comercio y crecimiento económico, y claro, tiene sus templos en las universidades, donde solo se enseña economía neoclásica. Ahora bien, como Vaticano que se precie, sabe mejor que nosotros lo que más nos conviene, y por supuesto, es infalible.
UNP: Usted ha mencionado a las universidades. ¿Qué papel desempeña la teoría que se enseña en las facultades de economía en la reproducción del modelo de globalización actual?
MMN: Salvo muy raras excepciones, hoy se enseña una versión de la economía neoclásica que poco o nada tiene que ver con la realidad. Se insiste en la enseñanza de una economía obsesionada con cuantificar y matematizar todo, desvinculada tanto de las necesidades humanas, como de la naturaleza, y del conocimiento de las leyes físicas. Es una especie de cuarto cerrado, que no tiene conexión con ningún otro sistema del mundo. En consecuencia, la economía se ha transformado en una disciplina incompetente, incapaz de resolver los problemas que le conciernen. De ahí la necesidad de un cambio profundo en su comprensión y enseñanza, más si se tiene en cuenta que, quienes tienen el poder para tomar decisiones, a mi juicio, han aprendido una economía que les han enseñado mal.
UNP: Uno de sus postulados afirma que la economía debe estar al servicio de las personas, y no al revés. ¿Cómo podría contribuir el Estado para avanzar en la concreción de este principio y de otros que usted ha propuesto?
MMN: Yo me he referido a ese postulado que usted cita, y a otros, como que el desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos, o que la economía es un subsistema de un sistema mayor que es la biosfera, y por ser un sistema cerrado, el crecimiento permanente es imposible. Además, crecimiento y desarrollo son dos cosas distintas. En consecuencia, el Estado debiera orientar sus políticas al estimulo y fortalecimiento de las pequeñas y medianas economías locales y regionales, incluso como defensa ante los embates no previsibles en el contexto macroeconómico.
UNP: En esa medida, la economía solidaria, sustentada en formas de asociación cooperativas a nivel local, podría jugar un papel más destacado en el desarrollo social.
MMN: Sin duda. Lo que pasa es que entre la mayoría de los economistas aún existe la creencia de que lo más eficiente es la competencia. Algún día se comprenderá que la solidaridad es mejor negocio, pues la competencia no solo implica un acto de destrucción de otro, sino que su fin último es eliminar la competencia misma. Vale decir que es un sistema que funciona cuando se destruye a sí mismo, y esto no corresponde a ninguna ley natural, en cambio la cooperación, en la medida que se aplica, crece. En tal sentido, las cooperativas u otras formas asociativas son positivas. El problema es que carecen de apoyo, y no hay una masa suficiente de gente que oriente su trabajo en este aspecto. En consecuencia, muchas veces los proyectos y los esfuerzos así concebidos fracasan.
UNP: Un problema que le ha preocupado a lo largo de su obra es el de la pobreza, especialmente en América Latina. Colegas suyos, como el peruano Hernando de Soto, han escrito que los vacíos legales para proteger la propiedad intelectual se encuentran entre los factores que la determinan. ¿Está de acuerdo?
MMN: Creo que factores como el mencionado son importantes pero no suficientes para explicar un fenómeno tan complejo como el de la pobreza. A mi juicio, el problema es que quienes se preocupan por ella no entienden de qué se trata. Uno no puede hacer nada “por” los pobres, uno tiene que hacer cosas “con” los pobres. Esto es, aprovechar el inmenso potencial creativo de las personas que viven en ambiente de pobreza, para que ellas mismas sean capaces de potenciarse y dejen de ser receptores pasivos de ayuda, y así, eventualmente, superar el problema.
UNP: Hablemos ahora de esa compleja relación entre crecimiento y desarrollo. Usted ha sostenido que el desarrollo social no siempre necesita de crecimiento económico.
MNF: Primero, hay que entender que debemos pensar en términos de una economía ecológica, por que todo está relacionado con todo, como lo enseña la física cuántica. Ahora, yo he hecho estudios con otros colegas en varias partes del mundo y hemos podido demostrar lo que llamé “la hipótesis de umbral”, según la cual, en toda sociedad hay un periodo en el cual el crecimiento económico conlleva a un mejoramiento de la calidad de vida, pero solo hasta cierto punto, el punto umbral. Cruzado éste, si hay más crecimiento se comienza a deteriorar la calidad de vida. Esto lo hemos podido comprobar en no menos de trece países que estudiamos entre 1950 y 2005. En esos países ricos hubo una correlación directa entre crecimiento y mejoramiento de la calidad de vida hasta, más o menos 1975 y 1983. A partir de esas fechas continúa el crecimiento económico y se comienza a deteriorar el desarrollo social.
UNP: Sin embargo la economía de su país se ha vendido como exitosa, gracias al crecimiento…
MMN: En términos macroeconómicos, es indudable que la economía chilena ha sido exitosa. Vale decir cuantitativamente, con las cifras que le interesan al Banco Mundial y a las universidades. Sin embargo, en términos cualitativos, mantiene una pésima distribución del ingreso, la concentración de la riqueza es enorme y la brecha entre los sectores de población altos y bajos se sigue ampliando. Pero estas son las cosas que una tasa de crecimiento no revela. Porque si a usted le hablan de un 5% de crecimiento nadie la dice en qué se basó. Pudo haber sido como producto de sobrexplotar recursos o personas, y esa parte de la historia no se cuenta.
UNP: Otro de los miembros de la “Santísima Trinidad” que usted cuestiona es el libre comercio. Colombia está cerca de firmar un tratado de libre comercio con los Estados Unidos; ¿cuál es su percepción de estos tratados?
MMN: En primer lugar, los tratados de libre comercio pueden ser de comercio pero no son libres, pues en el momento en que el socio grande se reserva derechos que se le niegan al socio chico no se puede hablar de libertad. Si EE.UU. se reserva el derecho de seguir subsidiando sus productos agrícolas, cosa que no puede hacer el otro, tendremos las consecuencias que ya se han dado en México, país origen del maíz en el mundo, y que hoy importa de su vecino del norte, entre el 35% y el 40% del maíz que consume, además de que entre 8 y 10 millones de campesinos se han visto relegados de su oficio. Yo soy más partidario de convenios y acuerdos entre economías de un tamaño similar, y no tan asimétricas como la estadounidense con respecto a las latinoamericanas.
UNP: Ante el fracaso de las fórmulas de ajuste estructural recomendadas en el llamado Consenso de Washington, ¿cómo renovar el pensamiento económico?
MMN: Primero debemos entender que el ser humano no es un “homus economicus”, y que cada país es único, por tanto las recetas uniformes son un absurdo conceptual. Luego es necesario trabajar intensamente el concepto de la transdisciplinariedad, porque con la división cartesiana en disciplinas a lo más que podemos llegar es a describir una situación, pero no a comprenderla. Haga usted una lista de los grandes problemas de este siglo: pobreza, medio ambiente, falta de agua, terrorismo, y verá que ninguno de esos temas es abordable desde una sola disciplina. En esta línea, en Francia desde el año 2000 existe un movimiento de economía posautística con el cual estoy comprometido, y donde se replantea la enseñanza de esta disciplina, con un abordaje más amplio, que permita trascender las cifras.
UNP: ¿Cómo quitarle fieles a la “religión” neoliberal?
MMN: Hay que ser hereje. Con el actual sistema se ha acentuado el desprecio por todas las manifestaciones de la vida. Continuar con lo mismo es ratificar que vamos en una ruta profundamente destructiva, especialmente en la relación con la naturaleza. El cambio climático y otras alteraciones medioambientales son producto de una economía que no entiende cómo relacionarse con otros sistemas. En el fondo es un suicidio colectivo.